23 ene 2013

LA TEORÍA DE LAS SPICE GIRLS




Respeto profundamente las manías. Las propias y las ajenas. Cuentan más acerca de lo que somos que las pretendidas virtudes. Podemos tener manías y manía, en singular; manía a sacar la basura, a hacer papeleos. Manía a que nos toquen el pelo o los pies, manía a que nos hablen muy cerca, manía a las zapatillas blancas o al olor de la coliflor. Manía a salir de compras, o de manera más localizada, yo; ¡manía a salir a comprar sujes!. Dejaría de usarlos de no ser porque el bamboleo aún me molesta más. Una ciudad pequeña hace el shopping aún más irritante. Las posibilidades se reducen drásticamente y sólo queda la crudité. La realidad en la que vivimos. Es lo que yo llamo la Teoría de las Spice Girls.

¡Entrar en una de las múltiples tiendas mainstream que inundan la ciudad y alucinar es todo uno! Ahí están colgadas las poquitas tipologías entre las que podemos elegir: la niña, la Femme, la deportista, la pija y la hortera. Curiosamente, a todas las tipologías, salvo a la deportista, parecen interesarle los que aumentan o levantan el pecho. Prácticamente el 90% de las opciones cuentan con relleno, varillas o ambas. De hecho, ¡los hay incluso con doble relleno! En 1852 la Reina Isabel II salió ilesa de un atentado gracias a que su corsé hizo de amortiguador. Ya por entonces se llevaba el estilo coraza... Sea como fuere, ¿cómo es posible que sea más fácil encontrarte, por ejemplo, cosas que se pegan, literalmente, al pecho que un suje sin varillas ni relleno? Hay pegatinas para que no se marque el pezón; pseudotetas de silicona muy freaks, que aún lo son más desprovistos de dueña, y que también se adhieren a la piel; y sujes-pegatina... vamos, unas pegatinas que pretenden moldear y levantar el pecho con una tecnología similar al de las pegatinas flúor tan chulas que se usan para las contracturas. Pero ni son flúor, ni son tan chulas...

Hello Kittys y florecillas, encajes malos, colores chillones y fajas que hacen de todo, coexisten con ¡máxima naturalidad! El mundo faja es tan amplio y especializado como el vino o el aceite. Tienes fajas que reducen barriga o culo o ambas. También las hay que te lo levantan. Y el no va más de la tecnología te lo hace todo de golpe. Lo que no sé si uno debe personarse en los estudios de la marca para que te lo coloquen...  

Tengo una muy buena relación con mi autoestima, así que no pretendo victimizarme. No salgo en absoluto acomplejada de estas tiendas. Salgo mosqueada. El diseño y selección de estas prendas tiene como finalidad vender otras prendas que difícilmente se venderían de otro modo: camisetas y vestidos sin espalda con los que no deberíamos usar un sujetador al uso, prendas blancas, prendas ajustadas que marcan, transparencias... Hay tantos tipos distintos de tirantes que te enfrentas a un exhaustivo análisis entre una docena de posibilidades. Eso sí, las varillas y/o el relleno te los comes en casi todas ellas. No están pensando en que "te sientas guapa", como dicen (de hecho, ¡con muchas de estas sugerencias te ves atroz!), están pensando en que compres otras cosas. 

¿Dónde queda la tecnología de la faja y el tirante cuando se trata de hacer prendas cómodas? ¿De verdad me tengo que creer que soy la única rarita que no quiero pasarme el día currando con dos hierros que se me clavan? ¿O pretenden seguir educándonos para ser súper chicas? Cada una a su estilo (tienes 5 para elegir), pero chicas al fin y al cabo. Da igual lo grandes que las tengas o lo grandes que las quieras tener, por defecto, te las corrigen. Te las aumentan y te las levantan. Nos adaptan a la forma que debemos tener. Una vez más, sólo podemos hacer uso de la tecnología si se trata de ser más chicas. Así, casi todas nos hemos acostumbrado a tolerarlos, hasta que nos vamos aproximando a casa y... ¡el deseo de arrancárnoslo de un tirón se vuelve ineludible! 

Hubo un momento en la historia en el que se restringió el uso de este tipo de semitorturas: la Segunda Guerra Mundial. Pero por una cuestión de racionamiento. El nylon y el uso del metal estaban racionados y las marcas tuvieron que cambiar la ropa interior por los paracaídas.

En fin... una amiga, debe ser la otra rarita que no soporta ni rellenos ni varillas, me contaba hace poco que cuando se encuentra con uno de ellos, compra varios compulsivamente. Voy a tener que empezar a hacer lo mismo. O eso o hacerme un bandeau con una media.

20 ene 2013

Hey, it's a maze!






























... or the beginning?






















10 ene 2013

boys! boys! boys!






La primera es María Patiño. Sí, hubo otra antes de la que tenéis en mente, la que fuera la mejor vallista española y, desde luego, la más polémica, allá por los 80´. Aún así, es la unica foto de la atleta que he podido encontrar en la red junto al escáner cutre de un artículo de la época. Borrada del mapa. La segunda, Michelle Jenneke, vallista australiana en la actualidad. Ella... ¡inunda la red! Ambas, fantásticas atletas. Sin embargo, la memoria colectiva prefiere recordarlas por otros motivos... A Patiño le quitaron su licencia federativa para competir cuando el centro de control de feminidad informó que María no era mujer (léase Pimp "Gallardon y el control del sexo"). Michelle, por contra, lo es demasiado. Con 17 años ganó una medalla de plata en los 100 metros vallas en los Juegos Olímpicos de las Juventudes 2010. A sus 19 años presume de palmarés. Pero el you tube tenía otros planes para ella... convertirla en una de las atletas más sexys del momento.

Si miras las fotos realmente no parecen tan diferentes. De hecho, ambas podrían parecernos más bien similares: cuerpos de mujer entrenados que las hacen parecer masculinas. ¿Cómo es posible, entonces, que una se hunda en la ignominia por parecer una mujer masculina y no serlo, y la otra sea lanzada al estrellato por ser una mujer masculina extrafemenina? ¿en qué quedamos? 

Voy más allá: ¿qué diferencia hay entre Jenneke y Jenneke? ¿Nos sugiere lo mismo en una foto y en la otra?





Su cuerpo es el mismo, el short es igual de pequeño, cero makeup en ambas, misma despreocupada coleta para la carrera... pero, ¿por qué resulta tan distinta en una imagen y en otra? ¿Por qué de repente parecemos olvidar que parecía musculada como un hombre?... Dentro vídeo.  





¿De verdad tenemos tan claras las fronteras? Insistimos tozudos en que existe una división absoluta y bipartidista entre sexos. Salvo cuatro intersexuales raras que no han podido ser "corregidas" a golpe de bisturí, el mundo se divide en hombres y mujeres. Y, por supuesto, estas diferencias tienen un fundamento físico incontestable. ¡Nos aferramos a la existencia de dos sexos y sus correspondientes géneros como mi abuela se aferra a Dios! ¡Como si la peor de las profecías se cerniera sobre nosotros ante la posibilidad de imaginar un mundo sin chicos y chicas! Todos parecemos estar dispuestos a mantener esta flácida y abyecta división aún cuando este supuesto nos aniquila. Para ello, las mujeres feministas inventamos la diferencia entre sexo y género y los gays, la homosexualidad. Nos sentimos terriblemente modernos por todo ello, cuando en realidad,seguimos construyendo sobre una normalización artificial sin la que parecemos no saber vivir. ¿Tan temible y terrible es la idea de imaginar un mundo sin esas dos tristes categorías? ¿Tan terrible es mundo lleno de, simplemente, gente?

¡Menos mal que siempre podemos contar con las atletas que llegan para pulverizar marcas y prejuicios!

18 dic 2012

Fake it, until you make it!



Fake it, until you make it! Esta es la conclusión a la que ha llegado la reconocida psicólogo social, Amy Cuddy, tras completar su proyecto de investigación "Power poses". Esta experta en lenguaje corporal y dinámicas de poder, profesora de liderazgo en Harvard y propietaria de un sinfín de premios y honores, dice que nuestro lenguaje corporal afecta directa e inmediatamente en nuestra bioquímica. El modo en que no sentamos, saludamos o caminamos provoca una alteración inmediata en nuestros niveles de testosterona y cortisol. Según este estudio realizado junto a Dana Carney, tras una exposición de 2 minutos a una postura concreta (llamadas "posturas de poder") se aprecia una subida significativa de testosterona. Y la exposición a una postura de loser, incrementará también, significativamente, nuestros niveles de cortisol. El colocón puede durar entre 15 y 30 minutos.
Que la mente somatiza sus estados en el cuerpo es algo que todos sabemos; pero este estudio demuestra que el camino también puede hacerse a la inversa. Es decir, el estado, actitud y gestualidad de nuestro cuerpo conforman también nuestra personalidad. Somos como nos movemos, igual que somos como pensamos. Ocupar el espacio, abrir brazos y piernas, expandirse en el espacio, no sólo contribuye a proyectar una idea de poder al exterior sino que ayuda a ¡experimentarla! 
El estudio también extrae otro tipo de conclusiones. Por lo visto, por una espacie de efecto de compensación (el equilibrio grupal debe ser algo que esta en nuestro adn), cuanto más arriba está el otro, más pequeños tendemos a hacernos nosotros y viceversa; cuanto más pequeño se sienta el otro, más arriba nos venimos. Según demuestran Amy y Dana, las personas tendemos a hacer mayor la diferencia. Asimismo, también han advertido que una postura mantenida en el tiempo terminará siendo aquello que fingió ser. 
Las virtudes del power posing son aplicadas, enseñadas y replicadas en ciertos entornos de los negocios y la política. Ahora, gracias a TEDtalks, las cuatro posturas de Amy Cuddy se comparten más que las tántricas. A priori, estas conclusiones suenan estupendas. Parece relativamente fácil sentirse más poderoso... y sí, de hecho, lo es... tanto como lo es su opuesto, hacerte sentir sin ningún poder.
Entro en facebook. ¡Quiero ver gente! ¡Quiero mirar con lo aprendido las últimas semanas! ¿Cómo no lo he visto antes? Las posturas en cuestión, son masculinas. ¡Ellos las adoptan con naturalidad! Nosotras, no. ¡35 años escuchando que cierres las piernas o que no te sientes de tal o cual manera no ayudan mucho! 
La gestualidad que nos corresponde a cada categoría es transmitida a fuego desde la infancia. Se nos exige asumir un lenguaje corporal u otro y, con ello, y esto es lo verdaderamente grave, una actitud vital u otra. Gracias a esa poda salvaje que son los géneros, ellos se tienen que mostrar seguros, fuertes y contundentes. Tienen que ocupar espacio, también literalmente. Abren las piernas todo el rato y separan los brazos del torso. Se expanden... (igual el rollo slim por eso no termina de cuajar entre ellos) ¡Ellos tienen que ser grandes! Nosotras, acogedoras y curvilíneas. Hemos aprendido a ser más pequeñas a fuerza de retorcernos. Solemos ocupar menos espacio del que necesitamos o del que sería natural. Nos encogemos. Nuestras posturas son las denominadas "powerless" (la palabra lo dice todo). Nos hemos metido tanto en el papel que hemos desarrollado un amplio abanico de posturas inverosímiles. Un quiebro para marcar cadera, otro para arquear la espalda y otro más para lucir escotazo, y todo... ¡sin que se note la contractura! ¡Podemos incluso hacer un cruce de piernas doble o poner el culo en pompa hasta lo insólito! ¡Sólo hay que ver las fotos de alumnos difundidas en Deusto para ver nuestras capacidades! ¡Incluso podemos tirar una foto en esa postura! Ellos, o son más torpes y no saben sujetar la cámara mietras se la sujetan o son más listos y las borran. O sencillamente, no necesitan sacarse fotos en ese plan. No juegan en esa liga. Nosotras sólo podemos ser contundentes sexualmente y en ese momento, nos meten tacones, no vaya a ser que, consciente de tu poder, ¡corras!
La gestualidad que se nos presupone, impone.

Strike a pose!

20 nov 2012

Blindados ante la influencia




Por lo visto, existe un extendido fenómeno estudiado por múltiples analistas. Lo resumen de la siguiente manera: "creer que estamos solos en medio de un rebaño de ovejas". Es decir, que todos somos propensos a pensar que estamos en posesión de un criterio del que hemos desprovisto a los demás. La gente no se entera, nosotros, sí.

Preocupados por proyectar una singularidad que no siempre estamos muy seguros de poseer, a veces, raras veces, porque siempre hacemos los posibles porque no ocurra, pero a veces, ¡elegimos lo mismo que la mayoría! ¡Horror! ¡No!... El hecho de que algo empiece a gustar a la gente hace que, automáticamente, deje de gustarnos. Eso que nos gustaba tanto y nos hacía tanta ilusión... ¡no lo queremos más! Cultivar una imagen de especialito requiere ciertas renuncias... ¡y muchos esfuerzos! No es fácil vivir retorciéndose para parecer especiales... ahora, además, tenemos que hacerlo por partida doble, triple: también hay que ser alguien en facebook, en twitter, en pinterest... ¡demoledor!

También puede ocurrir, en el caso de no poder evitar caer en la mayoría, que nos veamos haciendo verdaderos malabarismos tratando de explicar que nosotros elegimos eso que elegimos, por unas razones concretas que lo hacen diferente. Me explico: "noooo, no es que yo estuviera en contra de casarme... a mí me daba igual, pero me a sus padres les hacía ilusión"; "en realidad, yo no quería ir, pero tampoco quería crear mal rollo y fui"; "a mí Lady Gaga me gusta, no por su música, sino porque reconozco que..."; "mi amigo/madre/hermano/etc. lo veía y, por su culpa, me enganché". Y otra vez a retorcerse, ajustando lo que pensamos a lo que hacemos.  

Nosotros siempre tenemos motivos para no ser uno más. Los demás, no tanto. Nosotros decidimos, elegimos y queremos con criterio y convicción. Los demás lo hacen inconscientemente, porque siguen la corriente, porque son unos inconscientes, porque no se enteran, porque son unos egoístas, porque son unos capullos.

Nosotros cuando acertamos con la elección sea del tipo que sea, ¡lo tenemos!, ¡sí!. Tenemos "eso" que buscamos con desesperación, eso que nos capacita, eso que nos legitima. Y cuando no acertamos, tenemos motivos. Motivos para hacer lo que hacemos. Los demás no los tienen. Sin embargo, curiosamente, luego buscamos, nos adaptamos, nos ceñimos a los motivos de aquellos a los que habíamos deslegitimado. ¿Por qué nos importa lo que piensen los que en teoría no nos importan? No queremos ser freaks, solo singulares. 

Las decisiones, la libertad de tomarlas, la responsabilidad de asumirlas. Algunas, sencillamente, lo cambian todo. Siempre he sido muy consciente de la importancia de algunas de nuestras decisiones. "No tomes nunca decisiones irrevocables", me decía mi padre. A él, todas las que yo tomaba, se lo parecían. A mí no me lo parecía ninguna. La primera vez que me lo dijo, me hice un tatuaje. Luego, como suele ocurrir en estos casos, su obsesión se convirtió en la mía. Así que, desde que recuerdo, me obsesiona la extraña tensión entre el poder y el peso de nuestras elecciones. 

Y por fin, me encontré con una elección que me pareció más irrevocable e inevitable que ninguna: ¿qué decisiones quieres tomar tú y qué decisiones quieres que otros tomen por ti?

9 nov 2012

El teenager que sabía demasiado




El modo en el que te mueves en un espacio cuando entras por primera vez en él, dice mucho del modo en que te mueves por el mundo. 

Estoy apoyada en un rincón de la tienda observando. Cuando necesito pensar, me gusta mirar. En esto, entran una niño y una mujer. Parecen madre e hijo. El niño entra en el espacio con naturalidad. Se detiene en la puerta. Se toma su tiempo para elegir qué recorrido hacer, por dónde empezar. No teme ser observado. Cuando lo cree oportuno, avanza y su madre avanza tras él. Tengo curiosidad. Quiero saber qué mira, que le gusta. Les sigo con la mirada. 

El niño, unos 15, lo tiene inusualmente claro para su edad. Es decidido y pausado al mismo tiempo. Se fija en los cierres y en los cuellos. Mira las prendas también por dentro. Es rotundamente austero y a su madre no le gusta. A ella le gustaría que pareciese más niño. Lo intenta sugiriéndole cosas que él descarta de lleno. Hay algo -casi primigenio- que le hace parecer naturalmente confortable en su piel. No me puedo aguantar y me acerco a hablar con ellos. 

'¡Hola! ¿Os puedo ayudar con algo?. El, y no la madre, me pide muy educadamente lo que quiere. La inmensa mayoría de las veces son las madres o las novias las que, no sólo deciden, también ¡hablan por ellos! Mientras él se va probando cosas, la madre y yo charlamos. 

-Se le ha metido en la cabeza el rollo de los ordenadores y ahora, todo el día esta con eso.  
-Pero, ¿qué rollo? ¿Juega mucho y pierde mucho el tiempo? 
-El dice que no, pero yo creo que se pasa el día perdiendo el tiempo con esos cacharros. 

'¡Es que no estoy perdiendo el tiempo!' dice él. El niño me explica que le gustan las máquinas. Máquinas de todo tipo pero sobre todo las que se mandan al espacio. Le gusta ver fotos de satélites, de estaciones espaciales, de cohetes. 'Osea que tú no tienes la cabeza en la luna, ¡la tienes en la ISS!', le digo. Los dos nos reímos. La madre no tanto.  

-Bueno, mujer, ¡tienes que estar contenta! Tu hijo es curioso, dedica su tiempo a aprender... eso está bien, ¿no?
-No sé, no sé… 
-¿Qué te preocupa? ¿Saca malas notas? ¿No tiene amigos?
-No, no... ¡al contrario! A él eso de estudiar le gusta mucho. Yo no le tengo que decir nada, él se pone a estudiar solo. Y saca muy buenas notas. Y con la gente se lleva muy bien. Pero me preocupa que se ilusiona mucho con cosas que no...
-No sé si entiendo lo que dices...
-Pues eso, ¡que se ilusiona mucho! ¡Se imagina muchas cosas que no le van a llevar a ninguna parte. Una afición está bien pero... no sé, no sé...
-Pero bueno, eso no es malo, ¿no?  
-Sí, sí, sí, es malo... yo también pensaba muchas cosas y ¡mira!... él cree que hará muchas cosas; pero, ¿y si luego no puede? ¡Se va a llevar un bofetón! Cómo están las cosas ahora... ¡a saber! Mira cuanta gente hay sin poder trabajar. ¿Por qué va a ser el diferente? Yo ya le digo que es mejor que se centre en cosas más normales. Dile que la vida luego no es tan fácil, ni tan bonita! ¡Dile, dile tú también! ¿A que tengo razón? 

¡Yo no quiero decirle eso! Y... ¡no!¡No tiene razón! De hecho, ¡estar escuchando decirle eso me está poniendo los pelos de punta!

En general, cuando las personas más cercanas intentan disuadirte de algo, lo hacen creyendo saber lo que es mejor para ti. Pero a menudo hay razones más complejas y, desde luego, menos nobles en juego. El hecho de que alguien te quiera tampoco significa necesariamente que te vea. ¡No te salgas de la raya! ¡Vigílate! ¡Conténte! ¡Disimula! ¡Sé humilde! ¡Sienta la cabeza! ¡Sé razonable! ¡No seas tú mismo! ¡Adaptáte! ¡Normalízate! ¿Por qué no puedes ser como tu amigo? A absolutamente toda la gente a la que conozco sus padres le han dicho esto en más de una ocasión. Todos deberíamos haber sido de otra manera a la que somos. ¿Dónde están entonces esos fuera de serie a los que debíamos parecernos? Nos han hecho sentir tan pequeños, tan freaks, tan inseguros que no sabemos convivir con el talento, ni con el propio, ni con el ajeno. Si supiésemos hacerlo tendríamos un mundo rebosante en recursos y gente feliz.


Quiero hablar, pero el niño, una vez más, no necesita que nadie hable por él. Con absoluta fe en lo que está diciendo, responde: '¡Jo, mamá! ¿Y tú cómo vas a saber si puedo o no puedo?!?! ¡Si acabo de empezar! ¿Cómo vas a adivinar lo que va a pasar? Lo sabremos cuando lo haga, ¿no?'. Pues claro que sí.

25 oct 2012

Un reloj de arena




Yo soy una de esas. Una "de las de la moda": frívolos, consumistas, pijos, snob... De hecho, soy tan lo peor que me dedico a la parte más devaluada y desprestigiada de la moda: el retail. Dígase mundo tiendas, que suele significar que te gustan los trapos pero no tienes la onda suficiente para dedicarte a otras cosas. Nosotros nos dedicamos a hacer dinero cargando a los productos unos márgenes infames vencidos por la ambición de obtener más beneficios. Nosotros somos mercaderes, filisteos y, además, la cuestión no tiene nada de cool. Somos profesionales mediocres dirigidos por empresarios déspotas y avariciosos.  

Todo bien... no me siento en absoluto ofendida. Antes discutía, me justificaba, quería hacer entender... Ahora, me callo y escaneo a mi interlocutor. Observo. Me llama poderosamente la atención que la mayoría de las veces quien te dice estas cosas compra en Primark o Zara, padece recaídas en el ikeismo, aunque juró que no volvería a hacerlo, y se alimenta de subproductos con aspecto de comida. Normalmente, esta gente, viniendo de ideologías y sectores de lo más dispares, afirma "pasar de la moda y de las tendencias" mientras consume y perpetúa lo peor de las mismas.  

Yo veo las cosas de otro modo. Debe ser la perspectiva del mostrador... Reflexionar sobre el consumidor, el mercado y las marcas es vital en mi trabajo. Y como tengo tendencia a obsesionarme, lo he hecho mucho. 

Un día le pedí a mi abuela que me regalara un bolso viejo que ya no usara. Ella me respondió: "Zertarako gura dozu nire poltsa zaharrik? Nik ez dakat gauza onik. Guk ez ginukan diruik. Zergaitik ez dotzazu zure beste amamai eskatzen? Berak eukingo dauz gauza pollitak!". Traducción: ¿Para qué quieres un viejo bolso? Yo no tengo cosas buenas. Éramos pobres. Por qué no se lo pides a tu otra abuela? ¡Ella sí que tendrá cosas bonitas!. Yo pensaba que tenía toda la razón, pero a mí me hacia mucha ilusión llevar algo que hubiese sido de ella. Al final, ante mi cabezonería, me dejó elegir uno. 

Resultó que aquel bolso simplón, comprado en una tienda de Elorrio en los 70´, me duró más que ningún otro comprado en una de esas tiendas que han hecho tanto por la democratización de la moda... De hecho, la única y última vez que entré en Primark, me acordé de aquel bolso y de la conversación con mi abuela. No sé si fue el colocón provocado por la peste a contaminante con el que te abofetean los bolsos o que venía lúcida de casa; pero, de golpe, lo vi todo de otro modo. ¿De verdad tenemos más cosas que nuestros abuelos? ¿De verdad vivimos mejor que ellos? ¿Estado del bienestar? ¿En serio? 

Nos atiborramos de productos que nos hacen creer que son lo que parecen. Es fácil engañarnos. Son baratos. La implantación de "lo" malo ha sido tan devastadora que ahora creemos que eso es normal. Los que se toman en serio y además van de enterados, argumentan cosas del estilo de "si vendiendo una camisa a 20 euros un Zara es rentable, ¡imáginate lo que le cargan las marcas caras!". Una argumentación muy simplona ya que  el precio de un producto es diseñado a través de muchas variables. Por ejemplo: los costes en producción. La pregunta no debería ser: "¿a qué precio hemos bajado el precio?"

Tenemos más, pero tenemos mierda. Mierda que se estropea rápido, obligando a comprar más y generando millones de residuos. Mierda que ha sido producida maltratando el medio y a las personas. Mierda que no sabe a nada, que no huele a nada... creyendo, además, que hacemos algo bueno. Y lo que ha ocurrido, lo que entre todos hemos sostenido, es lo peor, pero lo más rentable. Un mercado con forma de reloj de arena. Es decir, un mogollón de productos basura baratos que tenían que ser masivamente consumidos y otro mogollón de productos obscenamente caros. El mercado de productos responsables, de precio medio, destinados a durar es cada vez más, una especie de extinción. Llegados a este punto hemos cuestionado el capitalismo, las industrias financieras, los gobiernos... ¿No somos nosotros, como consumidores, parte del problema? ¿No deberíamos reflexionar sobre el poder de nuestras elecciones? 

¿Quién decide lo que tiene que cambiar y lo que hay que preservar? ¿Quién decide lo que es público y lo que debemos mantener en la intimidad? ¿Quién decide, en última instancia, lo que es posible y lo que no lo es? El quid de la cuestión está en el consumidor. Ahora existen las tecnologías para hacer las cosas de otra manera. Exijamos, pues, que se hagan de otra manera. 

Consumir eligiendo lo que uno consume no es una frivolidad, es política.